LAS CONFERENCIAS SOBRE DANIEL FUERON EL FACTOR DECISIVO
Christian
Al igual que muchos en Austria, yo también era católico romano. En las clases de preparación para la confirmación quería aprender más sobre Dios y la Biblia. Por desgracia, me quedé solo con mis preguntas. Aun así, creía en la existencia de un Dios al que, sin embargo, todavía no conocía.
Durante mis estudios de Derecho, hice una excursión por la montaña muy bonita con un amigo. Esa iba a ser nuestra última excursión. Una semana después, sufrió un accidente mortal con su coche. Me quedé consternado y me pregunté si la muerte era el final de la vida y qué es lo que le da sentido a la vida.
Por esas mismas fechas, una compañera de trabajo invitó a mi madre a unas charlas cristianas en Viena. A mi madre le interesaban los temas anunciados y decidió asistir al evento junto con mi padre.
En realidad, no tenía pensado acompañar a mis padres. Pero mi padre quedó tan entusiasmado con las primeras charlas que me contagió su entusiasmo. Y así fue como una tarde me animé a ir con ellos.
Enseguida me di cuenta de que en aquel evento reinaba un ambiente especial y de que la gente era, de alguna manera, diferente. Me impresionó su actitud amable y espontánea. A eso se sumaba que el mensaje de la Biblia me fascinaba. No me importó tener que reorganizar mi agenda semanal para poder asistir a las charlas cinco veces por semana. El deporte, el club de baile, el billar y la discoteca dieron paso al descubrimiento de la Palabra de Dios.
Me preguntaba si Dios podía ser realmente el autor de la Biblia. Seguí con atención las explicaciones del ponente sobre las profecías del libro de Daniel. De repente, me di cuenta de que detrás de la Biblia había un Dios vivo. ¿Quién más podría predecir con tanta precisión los acontecimientos mundiales con siglos de antelación?
Al cabo de unas cuantas noches, nos enteramos de que la Iglesia Adventista del Séptimo Día era la organizadora de este ciclo de conferencias. ¿Nos habíamos dejado engañar por una secta? Inmediatamente nos distanciamos. Pero una noche, el evangelista llamó al timbre de nuestra puerta. Respondió con paciencia a nuestras preguntas y nuestras dudas se disiparon. A partir de entonces, asistimos también al resto de las charlas.
Gané el libro en un sorteo La vida de Jesús de Ellen White. Pero, ¿quién era esta autora? ¿Realmente había llamado Dios a una profetisa en nuestra época, tal y como afirman los adventistas? El estudio de la Biblia sobre este tema, la influencia positiva de los libros de E. G. White y su visión clara de lo que ocurre entre bastidores en la historia mundial me convencieron finalmente de la inspiración divina de sus escritos.
Ya durante la campaña de evangelización asistía a las reuniones de jóvenes y a los servicios del sábado. Para entonces ya me sentía como en casa en la Iglesia Adventista cuando el pastor me preguntó qué opinaba sobre el bautismo. En 1987 decidí bautizarme. Eso fue un año después de la campaña de evangelización.
Mi bautismo lo viví como el día más bonito de mi vida. Mirando atrás, estoy muy agradecido a Dios por su guía y por poder servirle a Él y a su comunidad hoy como predicador.







