„UNA CLIENTE ME PREGUNTÓ POR MI CREENCIA“
Monika
En mi trabajo trato con mucha gente. Tengo una tienda especializada en textiles con 11 empleados en un pequeño pueblo de Baden-Württemberg. Una de mis clientas siempre me llamaba especialmente la atención. Irradiaba una sensación de tranquilidad y amabilidad. Siempre me alegraba cuando nos veíamos y teníamos ocasión de charlar.
Cuando volvió a mi tienda tras una larga enfermedad —aún no se encontraba muy bien—, me sorprendió cómo se podía ser tan positiva después de una experiencia tan negativa. Le pregunté qué le había ayudado durante su enfermedad. A lo que ella me respondió con otra pregunta: „¿Cree usted en Dios?“. Al principio me quedé sin palabras. Pero luego, muy vacilante, le dije que sí. A lo que ella respondió: „Dios ha obrado un milagro en mí“. Eso me hizo reflexionar, porque, en realidad, Dios no desempeñaba ningún papel en mi vida. Pero, de alguna manera, volví a dejar ese pensamiento a un lado.
A raíz de ello, surgió entre nosotras una verdadera amistad, algo que yo no había conocido hasta entonces. Mi nueva amiga empezaba a acompañarme con regularidad a hacer compras para mi tienda. Los viajes nos brindaban un tiempo precioso para charlar. Y esas conversaciones me permitieron vislumbrar el amor de Jesús.
Nos reuníamos regularmente en casa de una familia amiga para hablar de la Biblia. Con ellos me sentía aceptada y podía ser yo misma por completo. Nunca sentí la presión de tener que hacer o dejar de hacer algo. Descubrí que Jesús me ama tal y como soy y que tiene un plan para mi vida, con un objetivo maravilloso. Este conocimiento se convirtió en una certeza y me llevó a tener una relación viva con Jesús. Lo acepté como mi Salvador y le entregué mi vida.
Un día expresé mi deseo de estudiar los Diez Mandamientos. Así fue como descubrí que el sábado era el día de reposo bíblico. No sabía qué me estaba pasando. Pensé: „¡No puede ser!“. Pero ese conocimiento ya no me abandonaba. Tras un estudio intensivo, decidí dejar de trabajar los sábados en mi tienda y, en su lugar, asistir al servicio religioso. En la comunidad me sentí muy a gusto desde el primer momento. El sábado y el bautismo se convirtieron en „mi tema“. El deseo de bautizarme se fue haciendo cada vez más fuerte. Sin embargo, aún había que superar algunos obstáculos. Tenía que dejar claro a mi familia, a mi personal y a mis clientes que cerraría mi tienda los viernes a partir de las 16:00 y que el sábado sería mi día de descanso.
Tras mucho rezar, supe que Dios bendeciría mi decisión y me daría la fuerza necesaria para hacer frente a todas las dificultades que se avecinaban. Y así, el 26 de octubre de 2007, me bauticé. Fue una alegría muy especial para mí. Había enviado 60 invitaciones a familiares y amigos. Quería que compartieran conmigo mi „gran día“. De hecho, acudieron todos y la iglesia se llenó hasta los topes. Los hermanos tuvieron que desplazarse a las salas contiguas. Muchos de mis invitados quedaron impresionados y, al parecer, se quedaron con mucho en qué pensar.
Aunque ahora la tienda cierra los viernes a partir de las 16:00 y permanece cerrada todo el sábado —no hay ningún empleado trabajando—, Dios me ha bendecido de su maravillosa manera. No puedo más que darle las gracias a Dios una y otra vez, de todo corazón, por haber encontrado en la comunidad mi hogar espiritual.







